martes, 8 de abril de 2014

Las buenas maneras

(Luisa R. G. Novelúa)
Le deseé que tuviese un buen turno, aunque mi sonrisa me delató. Lo noté por la ligera contracción de sus labios antes de darme las gracias con un beso en la mejilla.

Vi cómo se alejaba arrastrando los pies, igual que mi padre poco antes de morir y, de repente, me enternecí hasta el punto de querer ponerla sobre aviso. Fue un fugaz momento de flaqueza. Habían sido tantos años de rivalidad soterrada que me marché a casa sin remordimientos.

Pero al día siguiente quien recibió la llamada de consuelo fui yo, y tuve que agradecerle que ya hubiese comenzado a organizar mi cena de despedida.







4 comentarios:

  1. Me gusta mucho lo que explicas en tu relato. Has condensado muy bien esa "segunda vida" que suele haber en los trabajos, llenas de envidias y culebrones inacabables, que mucha gente acaba pasando por delante de todo transformándola en su principal fuente de estímulos. En tu caso, con sorpresa final. Gracias por compartir y suerte para la semana que viene :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Juan Antonio. Puede haber mucho mundo subterráneo debajo de las buenas formas, en las relaciones "obligadas", como las de los trabajo, o con la familia política, por ejemplo. Un beso, y mucha suerte también.

      Eliminar
  2. Mucho escondido en estas relaciones, nunca sabes de que lado está nadie, si es que hay alguien que no esté de su propio lado.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias, Miguel, por leer el micro y dejar tu opinión. Besosss

    ResponderEliminar